Este final alternativo va dedicado a todos aquellos que se enamoraron de la historia de Renesmee y Raphael, que a pesar de que no se dio en la realidad, al menos podremos ser testigos de como hubiese sido...Espero lo disfruten,
Final Alternativo:
Raphael & Renesmee.
Habían pasado seis meses desde que ellos me dejaron en el aeropuerto, seis meses que transcurrieron entre lapsos borrosos y vertiginosos, y momento interminables, donde cada segundo era una condena, un suplicio.
Era feliz en Forks, pero nada era igual al momento previo a mi partida. Me era imposible ignorar todo lo que había pasado, pero sobre todo, me era imposible ignorar su recuerdo.
Amaba a mis padres, eso no estaba es discusión. Amaba a mi familia, y también amaba a Jacob... ¿Cómo no hacerlo? No tenía motivos, porque simplemente era un ser maravilloso, lleno de luz, de esperanza, de amor, que dirigía pura y exclusivamente hacía mí. Eso me hacía tan dichosa, me hacía sentir especial.
Pensaba todo el tiempo en ello, en mis acciones. En que había tomado la decisión correcta al volver al lugar que me vio nacer. Sus ojos oscuros al verme de nuevo brillaron tanto, su amor era un aura perceptible en el ambiente.
Eso me hacía feliz, enormemente feliz, pero había algo que, sin embargo, había cambiado, algo que no encajaba y no importaba cuanto me estrujara la cabeza para encontrar esa nota discordante. Tal vez, si hubiese querido, me habría dado cuenta desde el mismo principio que era lo que iba mal, que era lo que simplemente se había desvanecido, o quizás, la mejor forma de decirlo, era que se había transformado, había corrido hacia otra dirección, tan diferente.
Asumirlo fue mucho más difícil de lo que podría haber imaginado, sólo porque mis palabras habían sonado tan diferentes en Alaska...
Alaska, ese lugar, como lo extrañaba. Pero no, no extrañaba el lugar, los extrañaba a ellos.
A él.
Sí, debía admitirlo si quería ser franca conmigo misma. Debía hacerlo si quería cambiar las cosas.
Pero a esa altura de las circunstancias, ¿Podía hacerlo? ¿Podía correr en la dirección contraria hacía donde creía que quería llegar? En esos momentos, cuando mi vida se había unido con Jacob, con el amor de mi vida... ¿De mi vida?
Sentir la duda era tan desgarrador, pero a pesar de todo, ¿Cuánto tiempo me llevó darme cuenta de que no era una simple incertidumbre? Lo había sido cuando me encontraba lejos de él, y en mis recuerdos se encontraba sumergidos en ese sentimiento tan parecido al amor. Tan lleno de pasión, de magia, de tantas cosas.
Había sido duro aceptar que tal vez, no era amor lo que había sentido. En cierta forma, me negaba a creerlo.
¡No! Estaba convencida de que lo amaba... Entonces, ¿Por qué ahora no podía volver a profesar aquello que tan sólo unos meses atrás juraba que era el más puro y fuerte de los sentimientos?
¿Tendría que vivir toda la eternidad con esa sensación? ¿O tal vez llegaría un momento en el que las cosas volverían a ser tal cual lo habían sido en el pasado? Antes de que me alejara de mi hogar, de Forks, y de él...
La diferencia fue tan notoria, desde el primer segundo, cuando lo vi luego de tantos meses separados, luego de que todas esas cosas hubiesen pasado.
¿No tendría que haber sentido la misma dicha que antes? ¿No se trataba de eso el amor? De que no importaban las distancias, las circunstancias... ¿El amor no era ese sentimiento que no conocía frontera alguna?
– Jacob... – Susurré al tenerlo de frente, al llegar a Forks luego de esa travesía, luego de ese viaje donde ellos me había abandonado. Cuanto dolor, cuanto desarraigo.
– ¡Renesmee! – Musitó con urgencia.
Corrí a su encuentro, como un acto involuntario de mi soledad. Pero desde el mismo momento todo fue diferente. Al estrecharme a su cuerpo, ese cuerpo que siempre había adorado, desde el mismo momento en el que había tenido consciencia, el cambio fue tan perceptible. Dolorosamente perceptible.
– ¡Nunca más dejaré que te alejes de mí...! – Había dicho con una pena tan conmovedora, con un apremio que me caló tan profundamente. – Te amo, mi hermosa princesa.
Y sus labios buscaron los míos como una respuesta automática de su ser, y los míos buscaron los suyos, mientras mi mente ya me reclamaba que no deseaba ese contacto... pero me negué a creer que mi amor se había desvanecido.
¡Yo lo amaba! Lo amaba con cada fibra de mi cuerpo, de mi alma, de mi corazón...
¡Él me amaba! No podía hacerle eso, lastimarlo de esa forma, no... No podía.
Lo besé y tan sólo un leve contacto fue suficiente para que la devastación hiciera todo su trabajo, porque de repente, sus labios me parecieron demasiado blandos, demasiado calientes, sofocantes. No eran los labios que deseaba, no, para nada. Pero fingí, fingí por algún motivo, para engañarme a mi misma, para aplazar lo inevitable, para encontrar, tal vez, una solución a todo aquello, a ese gran dilema.
Tal vez si esperaba todo se encausaría de nuevo, quizás mi amor estaba tan sólo dormido, nada más, quizás habíamos pasado mucho tiempo separados y lo único que necesitaba era que el sentimiento volviera, como los reflejos cuando despiertas de un sueño profundo y largo, cuando todo es demasiado abrumador...
Pero los días pasaban y nada era como antes, nada volvía a encausarse...
Al principio nadie lo notaba, ni yo misma. Incluso en un momento hasta logré engañarme y creer que lo había logrado, que todo había vuelto a la normalidad, pero no. No tuve esa suerte.
– Te amo. – Susurró Jacob en la oscuridad de mi cuarto unos meses después de que estuviera allí.
– Yo también te amo. – Era cierto. Lo amaba de una forma que no podía describir en ese momento. Como el compañero que había sido toda mi vida, como esa personalidad alegre, como un faro de luz, como una fuente de esperanza, pero ya no lo amaba como hombre, como compañero de destino. Era tan doloroso, me sentía tan desagradecida, tan malvada. ¡Egoísta! ¿Cómo no podía amarlo a él? Si Jake era todo lo que siempre había deseado, hecho a mi medida, perfecto para mí... él, que constantemente reparaba en que todo fuera lo suficientemente. ¿Podía yo despreciarlo de esa forma? No lo merecía.
No, no, no...
¿Cuánto me costaría todo esto? ¿Cuál sería el precio a pagar por no lastimarlo? Seguramente mi felicidad.
Pero no era sólo eso lo que me ofuscaba. Sino otra cosa, mucho más importante.
Al besar los labios de Jake, no sólo no era lo mismo de antes, sino que no podía para de pensar que en realidad, deseara que fueran otros. Más fríos, más duros... más suaves, más apasionados, más todo.
Y el recuerdo de ese beso, de ese único beso, me llenaba. Me hacía alucinar. Porque desde el primer momento había sabido que no fue un error, para nada. Nunca me habría olvidado de ese beso, aunque las cosas hubiesen terminado diferente. Y me encontraba allí, incapaz de confesárselo, porque si él decía que me daba permiso para irme, para dejarlo, lo hubiese hecho, pero no quería lastimarlo de esa forma...
Me sentía una chiquilla tonta, que no sabía lo que pretendía. Porque ahora que a ese vampiro lejos, me daba cuenta de muchas cosas. Al verlo susurrar ese “te amo” en el aeropuerto, un quiebre se había producido en mí, me había dado cuenta de que, también en Alaska, al igual que lo hacía ahora, había intentado mentirme a mi misma.
Pero la verdad no quería salir, expresarse en forma de palabras, ni siquiera en la absoluta privacidad de mi mente.
Bueno, no absoluta, relativa. Había tenido tanto cuidado de no pensar en ello cerca de mi padre. No quería que todo ese delirio trascendiera las barreras de mi mente, o de mi corazón...
Pero esa verdad, esa absoluta verdad cobraba más y más fuerza con cada día que pasaba, con cada beso que le daba a Jacob cuando en realidad deseaba besarlo a él. Cuando en realidad deseaba que sus caricias fueran las de otro...
No había término lo suficientemente fuerte para describirme a mi misma. A mi estupidez, a mi maldad, porque eso es lo que era... no había querido jugar con ese vampiro tan hermoso, pero a pesar de mis mejores intenciones, lo había hecho, y ahora parecía que las piezas se habían vuelto en mi contra, todo lo que tocaba se derrumbaba. Y de paso, derrotada como estaba, también jugaba con Jacob, que no tenía la culpa de nada. La única persona inocente en todo ese embrollo.
¿En algún momento haría las cosas bien?
No tenía respuesta... no tenía nada sino estaba él, porque el vacío había aparecido tan pronto como mis ojos se apartaron de mirada dorada, de su rostro perfecto, de cabello castaño, de sus labios, de toda su belleza, pero sobre todo de esa alma tan pura que tenía...
No encontraba otra forma de superar las cosas más que fingiendo, mintiéndome a mí misma. Los días continuaban pasando, las semanas, los meses, y sentía, incluso yo misma, que me comenzaba a marchitar. Jacob fue el primero en darse cuenta, porque él estaba muchísimo más pendiente de mí que cualquier otro. Eso era algo importante, porque desde que había retornado a Forks, eran pocas las veces que había elegido no posar sus miradas en mi persona.
– ¿Qué te pasa? – Había preguntado mi novio uno de esos días donde casi no podía evitar que mi mirada reflejara mi estado. – No estás bien...
Nos encantábamos recorriendo el prado que bordeaba la casa de Forks, caminando tomados de la mano. Luego de un tiempo, encontramos un árbol, y nos recostamos sobre su tronco.
– No es eso. – Musité como respuesta. No estaba lista para decirle esas cosas, tal vez nunca lo estaría, y por eso, lo más probable era que me quedara a su lado para siempre, porque lastimarlo no era una opción. A pesar de que sentía que ya no lo amaba de esa forma tan pura, aún así, todavía seguía viéndolo como un ser maravilloso, y eso era suficiente como para darme cuenta de que su dolor también me dañaría.
– No me mientas. – Susurró acercándose y besando la parte de arriba de mi cabeza. Sus labios quemaron, fue incómodo. – Renesmee... Por favor. – Suplicó. – Quiero saberlo. Quizás pueda ayudarte.
No podía. Nadie podría jamás.
Sonreí, ¡Qué duro que fue hacerlo! Pero al mismo tiempo, pude darme cuanta de que se vio real, porque todo atisbo de sospecha de su mirada desapareció.
– Estoy bien. – Dije con convicción. – Sólo que todo esto de la partida me tiene... un poco shockeda.
– Puedes quedarte conmigo. Podemos vivir en la reserva. – Dijo ilusionado. – No te hará falta nada, lo prometo.
Lo observé a los ojos, incorporándome lentamente.
Cada una de sus frases me hacía sentir más y más una basura.
Una completa basura.
Salí por la tangente, utilizando una excusa del todo cierta.
– Mi padre no lo permitiría jamás. – Respondí con una sequedad que no fue intencional. Mi cuerpo ya se estaba comportando con él de una forma que ni mi mente ni mi corazón deseaban... ¡Lo quería! Quería a ese hombre lobo tan tierno que me amaba como no me merecía. No podía lastimarlo. – Quizás más adelante, sabes que tenemos toda la eternidad por delante.
¿Lo había dicho con cansancio? ¿Mis palabras de verdad habían sonado tan resignadas? ¿O era yo la que estaba alucinando con ello?
– Algún día serás mi esposa. – Susurró en mi oído sonriente.
– Claro... – El vacío se extendió en mi pecho. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué hacía eso? ¿Por qué lo prometía? Si todo lo que deseaba era escapar de todo aquello, o tal vez sólo quería escapar de esa obligación...
¿Obligación? Suspiré internamente. Veía el hecho de estar con Jake como una obligación... ¿A dónde había ido a parar todo mi amor?
Y eso tan sólo fue el inicio de mi calvario personal.
Esos seis meses fueron tan agotadores. Me quebraba por dentro, me desmoronaba mientras cada caricia, cada beso dado a Jake en realidad estaba destinado a Raphael, a él, siempre a él...
El asunto de la mudanza me tenía intranquila...
¿Y si por alguna razón Raph o Mallie comenzaban a buscarme? Ellos acudirían a Forks en primera instancia. ¿Qué no me encontraran modificaría su deseo de buscarme? Pero luego el sentido común me dio la razón, no había forma posible en
Tal vez la única opción que tenía era intentar ser feliz con Jacob. Tal vez se lo debía a mi hombre lobo, tal vez esa era la única de mis opciones.
Una parte de mí quería negarse a creer esas palabras.
La pregunta siempre era la misma, recurrente, repetitiva…
¿Cómo es que todo se había ido al demonio de esa forma? Y lo peor no era que sintiera este dolor tan fuerte y poderoso, sino el que podría llegar
Ahora yo me encontraba en esa terrible encrucijada. Por un lado no deseaba lastimarlo más, pero por el otro sabía que ya no era como antes. ¿Cómo era que ahora ya no lo amaba? ¿Qué había sido todo eso que estaba tan segura de sentir? ¿Costumbre? ¿Una ilusión?
No parecía que fuera correcto, pero en todo caso, real o ilusorio, ahora debía enfrentar lo realmente importante...
No amaba a Jacob.
Amaba a Raphael.
Y no había absolutamente nada que pudiera hacer contra ello.
Tenía dos opciones, dos abiertas y por completo diferentes opciones:
La primera era olvidarme de todo aquello, había tenido la oportunidad de estar con Raph, y la había desaprovechado, había preferido, en ese momento, estar con Jacob, segura de que lo amaba. Ahora estaba a un paso de abandonar mi hogar, y empezar de nuevo en Hoquiam, ello conllevaba también iniciar mi vida al lado de Jake, casarme, y pensar en un futuro con él, a pesar de que la verdad ya no podía ser ignorada. Esa opción lo haría feliz, haría feliz a la mayoría de mi familia y mis amigos queluites, a todos.
La segunda era más radical, aceptar que la primera no me haría feliz a mí, que me convertiría en una farsante, pero al mismo tiempo en alguien que no piensa sólo en si misma. Debía, si deseaba ser yo feliz, romper el corazón de Jake, no sabiendo hasta que punto soportaría el dolor que sabía que le infringiría, destruirlo de un modo cruel y egoísta, escapar, dejarlo sangrando tan profundamente que incluso sólo imaginándolo, me hacía sentir el peor ser de la tierra, irme de su lado, y buscar a Raphael, decirle que lo amaba, que lo necesitaba, y que había tardado mucho tiempo en darme cuenta de ello.
Aunque... ¿Era lo suficientemente valiente para tomar la segunda opción? No lo sabía. ¿Entonces que me quedaba? Quizás intentar ser feliz con Jake...
El tiempo fue pasando, los días convirtiéndose en semanas. Las semanas en meses... y nada cambiaba, mi realidad seguía siendo la misma... simplemente no podía patear el tablero de esa manera, era consciente de lo mucho que arriesgaba, de lo mucho que perdía si lo hacía.
Mis amigos queluites, que sabía que no me lo perdonarían... a Billy, a ese anciano tan adorable, y a todos en
– Renesmee... – Musitó mi padre una tarde lluviosa, mientras contemplaba melancólicamente el exterior desde la ventana de mi habitación. Todo había dejado de importarme de la misma manera en la que lo hacía antes, veía como mi luz se apagaba lentamente. Ya no era la persona que siempre había sido, y eso me molestaba, porque generaba un resentimiento en mí que no deseaba que estuviera, que me hacía sentir peor. – Debemos hablar de algo importante.
Lo observé a los ojos. Mi padre, cuanto amor sentía por él, porque era simplemente una de las personas más perfectas que el mundo podría haber creado jamás. Su mirada me traspasó, y me di cuenta de que él había sido testigo de todo mi calvario, de todas mis razones para sentirme triste.
– ¿De qué? – Pregunté, rehuyendo de su contacto visual. No estaba lista para enfrentar la realidad con otra persona que no fuera yo misma.
– Lo sabes muy bien… – Contestó acercándose hacía mí. Tomó mis manos, que colgaban flácidas sobre mi vientre, con un desgano rayano en la desesperanza. – No tienes idea de lo que duele verte así. Te estás marchitando cada día que pasa, como una rosa perfecta, que con cada segundo pierde un pétalo más.
Suspiré afligida. Sabía por qué había decidido hablar conmigo en ese momento. Mi madre y Alice estaban de caza con Jasper. Rosalie y Emmett había partido hacía unas semanas de viaje, y mis abuelos habían partido para terminar unos asuntos de la nueva casa. Nos encontrábamos solos, sin nadie que fuera testigo de nuestras palabras, de mis confesiones.
Me levantó del sofá donde reposaba, y me acercó a su cuerpo, acunándome como cuando era una niña pequeña. Acarició mi cabello y comenzó a cantar esa dulce canción que compuso el día que nací. Era como revivir mi corta infancia.
– ¿A qué esperas? – Preguntó una vez que su hermosa voz terminó de entonar la mágica melodía. – No puedo soportar tu dolor, mi tesoro.
– ¿Cómo te has dado cuenta? – Pregunté.
– Eres mi hija, Nessie. – Contestó con simplicidad, como si eso lo explicara todo. – Tu dolor es mi dolor.
– ¿Mamá lo sabe? – Quise saber de inmediato.
Dudó. No era una buena señal.
– Supongo que sí. – Respondió por fin, para luego agregar. – Ella siempre querrá lo mejor para ti, mi amor. No debes rehusarte a hacer lo que tu corazón dicta sólo porque crees que lo mejor es permanecer como estas.
– Pero no puedo, papá. – Una lágrima comenzó a deslizarse por mi mejilla. – No puedo lastimar a Jake de esa forma.
– ¿Y puedes tú lastimarte de esa forma? – Interrogó tomando mi mentón entre sus níveos y largos dedos. Me obligó a mirarlo, posicionando sus dorados ojos en los míos, transmitiéndome su sabiduría con ese gesto tan simple.
Desvié nuevamente la mirada, mientras mi cuerpo se convulsionaba ante sus palabras, y también, mientras más lágrimas caían, incontrolables, por mi rostro.
– Tengo miedo de lo que pueda pasarle si lo abandono. Que ya no lo ame no significa que ya no me importe.
Me observó con un aire tan orgulloso, como si estuviera contemplando a una divinidad, y no a su hija, a la tonta e inmadura que en realidad era.
– Eres tan buena, Renesmee. Estoy tan orgulloso de ti, no pudimos haberte criado mejor. Piensas en los demás antes que en ti misma.
– No digas eso. No es verdad. – Contesté, contradiciendo. – Simplemente las cosas son así. ¿Cómo podría dañarlo de esa forma? No tengo derecho a hacerlo.
– Tienes derecho a ser feliz, ese es lo principal. – Convino con cierta fiereza. Él no era imparcial en todo aquello.
– ¿Y si mi felicidad daña a muchas personas? – Ahora estaba dispuesta a develar todos mis temores, todos mis miedos. – Porque si abandono a Jake, tengo que abandonar a todos los queluites, quizás también deba abandonarlos a ti y a mamá por un tiempo. Este lugar fue el hogar de Jake antes que el mío, y yo no puedo pedirles a todos ustedes que se conviertan en esclavos de mis caprichos…
Me observó con la mirada cansada, como si estuviera comprendiendo de lo que le estaba hablando. No sabía que responder, porque se había dado cuenta que hacer lo correcto para mi corazón, era generar una revolución en todo lo que ya habíamos construido. Amar a Raphael significaba romper todos los vínculos que habíamos generado con los hombres lobo, destrozar años y años de un trabajo que había finalizado en una alianza que se había fortalecido gracias a la imprimación que Jake había tenido de mí…
Era extraño que ahora mencionara el proceso de la imprimación como algo puramente propio de Jake, cuando siempre había sentido que ambos estábamos conectados el uno con el otro. En ese momento, era sólo él el que la sentía, yo simplemente me encontraba atada, atada a una obligación…
– Debes hacer lo que consideres necesario para encontrar aquello que buscas… – Respondió por fin mi progenitor, una vez que no sólo había analizado y procesado mis palabras, sino también mis más recientes pensamientos.
– Tal vez sólo pase, y con el tiempo vuelva a amarlo de nuevo. Si lo hice una vez, puedo hacerlo dos veces. – Murmuré, ni yo era capaz de creerme esas palabras.
Rió con amargura. ¿Era tan evidente mi falta de convencimiento?
– Eso no parece una buena idea. – Musitó.
– No quiero tirar todo por la borda de esa manera. Mi tiempo de hacer algo para cambiar el rumbo de mi vida ya pasó... si hubiese querido algo con Raphael, no tendría que haber vuelto, tendría que haberme ido con ellos... pero eso también significaba dejarlos a ustedes... y no sé si estoy lista para dar ese paso.
– Sólo te pido que seas feliz, Renesmee. – Dijo. Luego suspiró profundamente, como queriendo escoger correctamente sus palabras. – No puedes pasarte la eternidad resignada.
Parecía que eso era lo que estaba dispuesta a hacer, aunque no quisiera. Los cambios serían demasiados, abrumadores, y no deseaba perder a mi familia y a mis amigos por ello. Como había dicho, había amado a Jacob, tal vez, si me esforzaba, si realmente lo deseaba, el tiempo me ayudaría a quererlo nuevamente, y sabiendo que yo era lo más importante para él, quizás con ello pudiera ser dichosa… o por lo menos estar en armonía.
La charla con mi padre finalizó en ese momento. Algo en mi mirada le dio
Y ese fue mi quiebre, esa charla abrió por completo mis sentidos, mi necesidad de hacer algo por cambiar el panorama.
Comprendí, que no se podía ser relativamente feliz. Para esos conceptos no existía
Pero que hubiese tomado la decisión no significaba que la pondría en práctica de inmediato. Debía encontrar el modo correcto, la forma de poder decírselo a Jacob, si es que en realidad existía una forma correcta o una buena manera de hacerlo.
No podía visualizar el momento, simplemente me sentía desdichada pensando en lo mucho que podría lastimarlo, porque conocía sus sentimientos mejor que nadie, y eso sólo podía llevarme
Cuando mi calvario llegó a rozar el año, mi cobardía no podía tolerarlo más, y de algún modo, las cosas resultaron ya demasiado evidentes, demasiado para ambos... era cuestión de dar ese primer paso, de ser egoísta de alguna forma y pensar en mí, pero eso no cambiaba el hecho de que todavía era mi Jacob, y que lo amaba, desde otro punto de vista, porque simplemente siempre había sido mi mejor amigo, ese ser que una mujer necesita en su vida.
Caminábamos por el prado que lindaba con el lecho del río, faltaban tan sólo unos días para que abandonáramos Forks, y eso, sería el inicio de una nueva etapa, no sabía si peor, no sabía si mejor.
Tomaba mi mano con dulzura, ese era el único gesto que ya no me incomodaba, lentamente, había aprendido a rechazar sus besos con pretextos cada vez más pobres, pero que él aceptaba, no sabía si con buena predisposición o con resignación. Nuestro contacto se hacía más escaso con cada día que pasaba, y nos parecíamos lentamente más a un par de amigos que a dos enamorados.
– No puedo soportar más verte así... – Murmuró de repente, con una desolación tan profunda. Me detuvo, mientras me guiaba hacía unas rocas que nos servirían de reposo. – Necesito que de una vez me digas que es lo que te pasa...
Intenté explicar, o excusar, que todo se debía al próximo traslado, pero ya lo había dicho tantas veces, que no sonaba creíble, para nada.
– No sé que es lo que me pasa. – Murmuré por fin, lo cual era una gran mentira. Otra más que le decía a él, al hombre que me amaba.
– Sí lo sabes... – Me contradijo. Su negra mirada se tornó turbia, una mezcla desgarradora entre la tristeza y la anticipación. – Ya no sientes lo mismo que antes...
Miró al suelo, evitando que nuestros ojos se encontraran, y tal vez fue mejor que lo hiciera, porque si observaba su mirada en ese instante, no hubiese podido soportarlo, y habría mentido de nuevo, le habría dicho que no era cierto, que lo amaba.
– Lo siento mucho. – Respondí luego de unos minutos de silencio, un silencio que nos envolvía y se llevaba consigo todo, volviendo el paisaje que nos rodeaba siniestro, oscuro, una antitesis de la belleza que en realidad contenía.
– ¿Cometí algún error? – Preguntó de repente, mientras las lágrimas comenzaba a caer por su rostro moreno, tan bello y angelical. El alma se me quebró en dos en ese mismo instante.
– ¡No, Jake! ¡No pienses eso! – Dije con un gemido lastimero. Se culpaba a sí mismo... Yo era la única responsable de esa tormenta que arrasaba con todo. – Lo siento mucho. – Repetí.
– No lo hagas. – Susurró. Su voz estaba tomada por la derrota, por un sentimiento tan sincero como desolador. – Tú sabes más que nadie que todo lo que siempre he deseado es tu felicidad. – Cerró los ojos, como si fuera incapaz de verme al mencionar esas palabras, mientras el movimiento desprendía otra lágrima de sus pestañas, y esta caía surcando su mejilla, siguiendo el mismo camino que las anteriores habían trazado. – Por eso no quiero que te sientas atada... si lo amas a él. – ¿Cómo era posible que se diera cuenta de todo? ¿Hacía cuanto que lo sabía? Me sentí pésimo por hacerlo tener ese vacío, esa incertidumbre por tanto tiempo... – El amor consiste en dejar ser libre a la persona que amas... ¿Lo sabes? – Preguntó. – Y yo te dejo libre porque no hay nada que me importe más que tu felicidad. Sólo lamento que no puedas encontrarla conmigo...
La culpa apareció tan sólo sus palabras terminaron de sonar en sus labios. Quería hacer algo para que ese dolor desapareciera de su pecho, de su cuerpo, pero no podía... ¿No es mejor saber la verdad que mentirse toda la vida? ¿No merecía él alguien que lo amara con todo el corazón?
– Lo dices como si todo fuera a resultar fácil para ti... – Murmuré tomando una de sus preciosas manos entre las mías. Él respondió a mis caricias, con ternura, y como si estuviera disfrutándolas porque serían las últimas. ¿Lo serían?
– No lo será... – Respondió. – Esto que siento no se irá jamás...
Su sinceridad fue como otro puñal. Me hubiese gustado volver el tiempo atrás. Jamás haber ido Juneau. Todo ahora sería diferente, no estaría lastimándolo, no estaría rompiendo ese lazo tan hermoso que nos unía.
“Pero jamás hubieses conocido el verdadero amor...” Me dijo una voz en mi cabeza.
¿Merecía la pena dañarlo de esa forma para conseguir mi felicidad?
– Lo siento mucho... – ¿No podía decir otra cosa? No tenía palabras para contener su dolor, su pena... – Y aunque no lo creas, también te amo.
– Lo sé, por eso tardaste tanto en enfrentar tus verdaderos sentimientos. Lamento que hayas tenido que pasar por esto... si hubiese sido menos tonto, no tendrías que haber cargado con esta obligación tanto tiempo.
– Por favor. – Le pedí. – No te culpes, tú no eres el responsable. Simplemente amas a un monstruo, Jake. No soy digna de ti...
– No digas eso. – Tomó mi mano, esta vez entre las suyas. – No quiero que pases más por esto. Eres libre ahora, libre para ser quien eres, para amar a quien quieres...
No tenía más palabras, y seguir diciendo lo siento no alcanzaría jamás.
– Eres especial, Jacob... Nunca quise lastimarte de esta forma.
– Lo sé... – Respondió. – Y no preocupes por mí... sólo se feliz.
Se puso de pie y acarició mi rostro por última vez, antes de salir corriendo en dirección contraria a
Contemplé la escena, hasta que desapareció detrás de un tupido macizo de árboles, donde lo perdí de vista.
Corrí a la casa, evitando llorar, aunque fracasé. Lo peor ya estaba hecho, y a pesar de todo, no me sentía bien conmigo misma, ahora era libre sí, pero a costas de todo ese dolor.
Mis padres me esperaban en la puerta trasera de la casa, sabedores de que necesitaba de ellos en un momento como ese.
Me arrojé en los brazos de mi madre, con quien no había hablado nunca del tema, me contuvo con cariño, acariciando mi frente y mi cabello.
– Todo pasará, mi pateadora. – Susurraba de vez en cuando, mientras lloraba sobre su pétreo hombro toda mi desesperación y culpa.
Me acompañaron a mi cuarto, mientras el resto de mi familia era testigo de mi devastación. Me recosté en la cama, mientras ambos se sentaban en los costados de mi lecho.
No sé cuanto tiempo lloré, cuanto tiempo tardé en superar las lágrimas o cuanto tiempo ellos me reconfortaron con palabras que dentro de mi pesar, sonaban vacías y sin significado.
Sólo sabía que cuando anocheció, y la luna hizo su aparición en un cielo despejado, todo parecía estar al revés. Mis sentimientos no habían cambiado para ninguno de los hombres que creía amar tan sólo unas horas antes.
Quería a Jacob, pero amaba a Raphael.
– ¿Puedo pasar? – Preguntó mi madre detrás de la puerta, me habían dejado sola una vez que había logrado dormirme.
– Claro. – Susurré. Me escuchaba desde luego.
Se adentró en la habitación, caminado cautelosamente.
¿Qué querría que hablemos? Seguramente de Jacob, de todo lo que había pasado.
– No vine a juzgarte, Renesmee. – Musitó una vez que tomo asiento. – Has hacho lo que te dictaba tu corazón, y eso es lo importante.
– Eso lo sé... – Respondí tristemente. – pero no disminuye todo lo demás. Sé que lastimé a Jake de la peor forma posible.
No respondió, no podía contradecir mis palabras.
– ¿Y qué harás ahora? – Preguntó luego de un momento de silencio. – ¿Buscarás a Raphael?
– Creo que eso es lo que debo hacer. – Respondí. Esa era una de las conclusiones que había sacado durante mi noche de desvelo. Debía comenzar a buscarlo, lo antes posible, para decirle todo lo que había descubierto en ese corto tiempo, pero una parte de mi me derrumbaba el sueño... ¿Y si también había pasado mi oportunidad con él? ¿Qué tal si por mi estupidez me quedaba sin Jacob y sin Raphael, sola para toda la eternidad? Tal vez lo merecía, ahora más que nunca.
– Tu padre y yo te acompañaremos... – Dijo entonces. – Los demás viajarán a Hoquiam, se establecerán allí, y nosotros lo buscaremos. Quizás logremos que él, Malenne y Michelle se unan por fin a nosotros. No es ventajoso para ellos estar solos con los peligros que podrían acecharlos.
– ¿Realmente harían eso por mí, mamá? – Quise saber. Mi panorama parecía menos incierto al momento en el que terminó de pronunciar sus palabras. Tan solo un segundo antes, cuando comenzaba a plantearme el hecho de buscarlos, también había surgido la duda de no tener idea de cómo comenzar esa tarea.
– Somos tus padres, mi amor. – Musitó. – Siempre estaremos para ayudarte.
Me acerqué a abrazarla, tocándola con mis manos y transmitiéndole todo ese amor que sentía por ella. Era simplemente la mejor, la mujer más buena y perfecta del mundo, y era mi madre.
Pasaron unos días, sin que tuviéramos una noticia de Jacob. Los lobos no habían vuelto a dar señales de vida, por lo que comprendíamos que ya estaban al tanto de todo. El saberlo, no evitó que eso me doliera, pero sabía que era un daño colateral, algo que tenía que esperar al romper mi relación con Jacob. No podía conservar esa parte de mi mundo si lo sacaba de mi vida.
La búsqueda comenzó unas semanas después.
No tenía idea por donde comenzar. Ni una pista. Sólo mis deseos de encontrarlo, y el amor como mi brújula. Mis padres eran más pacientes y más metódicos. Utilizaban recursos lógicos, y pensaban en cualquiera de los movimientos. Nuestro primer destino fue Alaska, buscando, tal vez, una pista en concreto que nos llevara al lugar hacia donde había partido al separarse de nosotros un año atrás. El aeropuerto de Juneau había recuperado su habitual estado inmaculado, no había ya señales del desastre ocurrido tanto tiempo atrás.
El primer paso fue volver a los restos de la mansión Blancquarts.
Fue desolador ver lo que el abandono había hecho con ella. Las ruinas seguían erguidas tal cual las recordaba, mientras los recuerdos revivían entre los escombros desparramados por el suelo.
Caminé por ellas, mientras mi mente regeneraba su antiguo esplendor, y sentía como si en verdad estuviera en esa casa en su mejor momento. Subí la escalera rumbo a la habitación que deseaba ver desde que sabía que partíamos hacía allí. La puerta continuaba abierta, como la habíamos dejado al momento de partir.
Nadie había estado allí, o por lo menos, eso parecía.
Ingresé al cuarto del vampiro que amaba, y pude comprobar lo inmaculado que estaba el lugar.
Sus arreglos en madera oscura y en verde inglés aún resplandecían con una belleza sin igual. Sentí su presencia en aquel lugar, como una caricia por mi rostro. No pude evitar sonreír al llenarse mi mente de su recuerdo, de su sonrisa, de sus ojos, de todo lo que lo hacía único.
En una mirada general, pude ver algo que me inquietó.
Los cuadros.
Los tres retratos aún continuaban colgados en las paredes. El suyo, el de su padre, y el de su madre.
¿Cómo no se los habían llevado?
Luego pensé en lo rápido y prematuramente que habíamos abandonado Douglas y me di cuenta cual era el motivo.
Me acerqué al más próximo, al de Stefenia De
– ¡He encontrado una pista! – Anunció mi padre desde la planta baja.
Tomé los cuadros, descolgándolos de su lugar, y llevándolos conmigo. Cuando Raphael y yo estuviéramos juntos de nuevo, me encargaría de que volvieran a sus manos.
Cuando bajé hacia los restos de la estancia, ambos me observaron, y también a mi particular equipaje. Ninguno de los dos opinó nada, eran mis padres y me conocían.
– ¿Qué has encontrado? – Pregunté de inmediato.
– Fueron hacía Londres. – Declaró por fin, enseñándome un trozo de papel.
Londres, vuelo 43681.
Era la letra de Raphael, escrita en un papel que tenía toda la pinta de estar allí hacía bastante tiempo. Tal vez un año... la esperanza volvió a cobrar vida en mi pecho, a medida que me daba cuenta de que todo aquello podría terminar bien.
Cada nuevo destino arrastraba una pista por descubrir. Los días se tornaron semanas antes de que nos diéramos cuenta, pero eso no parecía desanimar a mis padres, y tampoco a mí. Ambos estaban decididos a hacer lo posible para que los encontremos.
Pensé en las posibilidades de que Raphael se diera cuenta de nuestras intenciones, porque si el entraba tan sólo un instante en mi mente, lo sabría, sabría que lo amaba, y que estaba haciendo todo lo que estuviera en mi mano para que él y yo estuviéramos juntos...
El amor me haría recorrer el mundo entero, no me importaba.
Y así fue como llegamos a Francia, una tarde lluviosa y fría, ideal para que los vampiros transitaran las calles de Paris. Nuestra misión se había complicado un poco durante los últimos días, ya que mis padres habían estado incapacitados para salir a la luz del sol, entonces me veía obligada a hacer averiguaciones por mi cuenta, cosa para lo que no era ni la mitad de buena que ellos.
Nos alojamos en un hermoso hotel del centro de la cuidad, que supuse que sería aprobado por lo cánones de Malenne Blancquarts sin ninguna duda. Un presentimiento fuerte me decía que el momento estaba por llegar...
La incertidumbre comenzaba a hacer de su trabajo, no obstante, y la ansiedad era cada vez más difícil de manejar.
En ese momento, necesitaba dar una vuelta, despejar mi cabeza de todos esos fantasmas.
Salí hacía la calle, una vez que anuncié a mis padres mi cometido. No se opusieron, ambos notaron que era algo que realmente necesitaba, que no se trataba de un simple capricho. Caminé por esa belleza de cuidad, sintiéndolo como un hogar. Esa ciudad alguna vez había cobijado a mi hermoso vampiro, había sido testigo mudo de su infelicidad, de sus alegrías, y de muchas cosas. Quise que me contara sus secretos mejor guardados, que me develara el paradero de mi amor...
En mi delirio, llegué sin ni siquiera notarlo a la plaza Charles de Gaulle, y pude contemplar el esplendor del Arco del Triunfo. Me senté en una de las bancas que más cerca se encontraban, y admiré la bella construcción.
Esa era la tierra de Raphael, y podía sentirla también como mi lugar, como un sitio donde podría ser feliz con él. No sabía si tan sólo era mi loco deseo de amor, mi imperiosa necesidad de tenerlo cerca, de besarlo, de amarlo... aunque lo único que quería era que estuviera conmigo, el lugar, el momento, no me importaba, tan solo deseaba su compañía...
Y entonces, como una respuesta a mi plegaria, como un regalo de los cielos, lo vi...
No podía creer lo que mis ojos distinguían. Un estremecimiento recorrió por completo mi cuerpo, de pies a cabeza, de un costado al otro, como si un terremoto se hubiese iniciado en ese mismo momento, pero nada temblaba, sólo yo, sólo mi corazón.
No era un espejismo, era él...
Raphael.
Se acercaba hacía mí, sonreía. Era una sonrisa tan perfecta. Todos mis recuerdos no le habían hecho justicia alguna. Su belleza era incomparable, y también lo era todo el amor que creí que sentía...
Hacía tan sólo unos segundos, había creído que lo amaba, ahora me daba cuenta de que era mucho más que eso, que lo adoraba, que lo necesitaba, que era una parte de mí.
La emoción me había dejado clavado al piso, y no sabía ni siquiera como había logrado ponerme de pie, quizás la misma sorpresa había hecho ese trabajo...
Lo veía tan natural, como si se desplazara por su casa, y lo cierto era que ese era su lugar, su hogar.
Terminó de recorrer los metros que nos separaban, y tan sólo nos miramos a los ojos, maravillándonos con lo que observábamos.
No fue necesaria ninguna introducción, todo estaba por completo implícito. La razón por la que ambos estábamos allí, coincidiendo en un lugar del centro de Paris, ambos sabíamos la razón, y el único motivo válido era el amor...
Yo lo había estado buscando, y él a mí, el había descubierto que mi carrera desenfrenada alrededor del mundo y mi todo lo demás era porque lo quería encontrar, él ya lo sabía, lo sabía todo, y por eso esa hermosa sonrisa, esa expresión de ángel tan profunda que tenía su rostro... Me di cuenta de que lo veía feliz, realmente feliz, por primera vez en mi vida, y esa sensación fue embriagadora, porque era un espectáculo maravilloso, su dicha brotaba por sus poros de granito y se sentía en el aire, transformando mi propia felicidad en algo mayor... por eso, ¿Para que perder el tiempo explicando algo del todo natural?
– Renesmee... – Susurró, con el mismo estado de shock y sorpresa que de seguro tendría mi voz cuando hablara. – No puedo creerlo...
– Raphael. – Dije con desesperación.
Corrí a abrazarlo, a estrecharme a su cuerpo como una necesidad imperiosa. No necesité de nada más para darme cuanta de que lo amaba. Al sentir su frío contacto, fue como si volviera a respirar. Todo cobró sentido de nuevo, y el tiempo que estuvimos separados hasta se volvió lógico, había sido necesario para que me terminara de dar cuenta de todo.
Sus brazos me envolvieron, y todo mi cuerpo reaccionó a sus caricias, a su presencia...
Lo amaba... simplemente no había otra cosas que decir.
Lo amaba.
Levanté la mirada, y la sorpresa seguía presente en sus hermosas pupilas.
– Perdón por haber tardado tanto en darme cuenta. – Musité.
– Lo importante es que lo has hecho... – Sonrió.
Sin poder hacer nada más, me acerqué a su rostro, mientas respiraba y me daba el exquisito lujo de sentir de nuevo esa fragancia perfecta que era su aroma. No podía pedir nada más.
– Te amo, Raphael Blancquarts. – Declaré.
– Te amo, Renesmee Blancquarts... – Susurró.
Y sus labios silenciaron los míos, en un beso que duraría el resto de la eternidad.