Antes que nada quiero darles la bienvenida, muchas gracias por visitarme y leer esta historia, la que tanto disfruté escribiendo.

Nada podría hacer para agradecérselo,

Pablo Sanz.


Disclaimer

Los Personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de la señora Stephenie Meyer, autora de la Saga Crepúsculo, y por lo tanto, esta novela es solamente un Fan Fiction de mi autoría, que no guarda relación alguna con ella o cualquier otra cosa referente a su persona.
Aclaro esto, para evitar malos entendidos.

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viernes, 20 de mayo de 2011

Epilogo II: Malenne Blancquarts.

No tengo mucho para decir, sólo espero que lo disfruten, y que la espera haya valido la pena.
Los quiero,
Pabli

Epilogo II:

Malenne Blancquarts.

Más Secretos.

Los días continuaban pasando, uno a uno, mientras recorríamos sin rumbo todo el largo y ancho de la tierra. Yendo a ningún lugar, caminando sin que haya un sendero estipulado a lo largo de ese recorrido, que apostaba, sería eterno.

Intentaba, a veces con escaso éxito, mentirme a mi misma, pensar que en realidad viajábamos por el simple placer de viajar, el de recorrer el mundo, como muchas personas deseaban.

Yo no era una de esas.

A lo largo de la vida, había encontrado pocos lugares donde realmente me había sentido en casa, y cuando lo hacía, lo último que deseaba era abandonar ese sitio. Sin embargo, las circunstancias me habían obligado a hacerlo, sin otro remedio, a pesar de que siempre había sido lo último que deseaba.

Me era imposible pensar que cualquier sitio podría convertirse en mi refugio. Tal vez se debía, a que en realidad, nunca había percibido a Paris, específicamente a la casa Blancquarts, como un hogar. Si ese primer sitio, el que debería haber sido mi principal lugar de cobija, había resultado poco menos que una cárcel para mí, tal vez esa era la razón por la que no podía hacerme un verdadero lugar en el mundo, y por el que deseara y valorara tanto la libertad.

Tal vez jamás averiguaría si llevaba la razón, ni aunque viviera miles de años. Aunque creía tener una idea de lo que era lo que me hacía sentir bien y que mal.

Adoraba sentir esa candente y abrumadora aura que te azota cuando percibes que no tienes ataduras con el destino. Puedes hasta volar, porque no hay cabos que te enlacen al mundo. Es algo sublime.

Pero a pesar de ello, a pesar de que quería creer que nada me ataba, de hecho sí lo había, y no era solo una atadura, eran miles, millones, materializadas en sólo una cosa.

Sin embargo, que sensación embriagadora había invadido mi cuerpo cuando estando en Alaska, y Renesmee se había unido a nosotros. Esa que me hacía dar cuenta de que hogar no es un lugar, sino una circunstancia, un lugar donde todo lo que amas, se encuentra reunido.

A lo largo de todo ese tiempo había aprendido una lección. Debía ser siempre optimista. De ese modo, todas las cosas malas parecerían menos fuertes, y tal vez, con mi optimismo, incluso encontraría una solución. Pero a pesar de eso, había veces en las que me sentía cansada, muchas veces derrotada.

Era una imagen que odiaba en mi misma. No deseaba sentirme así, débil. No me reconocía cuando esas sensaciones me embargaban, simplemente porque nunca había sido así. Siempre, a pesar de las penurias, de los tiempos de soledad, había intentado sonreír, dejar que los buenos sentimientos y las razones valederas para salir luchando afloraran, de una forma u otra. El destino me había dado también otra valiosa lección; no rendirme jamás, ni en los peores momentos.

Aún cuando miraba al pasado, algo que no hacía con frecuencia, intentaba encontrar algo bueno, algo de que agarrarse para percibir que no todo había sido tan malo como recordaba. El hambre, la locura de mi madre, el haberme criado sola, como un ciego que camina a tientas por un camino desconocido.

Ser una francesa de veintidós años no era fácil en ese momento. Todo era un caos, y a nadie le importaba otra cosa que no fueran ellos mismos. Sin embargo, había excepciones.

Como el señor Josue, un pequeño anciano que tenía su puesto en el mercado. Un adorable ser…

– Si te conviertes en mi esposa, no te faltará nada, hermosa Malenne… – Había dicho, sonriendo con su boca desdentada.

Le sonreía, ¿Podía hacer otra cosa? Desde luego, él sabía la situación de mi madre y la mía en ese momento, la pobreza, todo. Éramos el centro de atención del vecindario, la familia perfecta que se había venido abajo cuando Raphael, el hijo mayor, escapó, cuando asesinaron al padre de forma tan horripilante, cuando los otros dos hijos murieron, cuando la madre enloqueció…

No querría saber todo lo que podrían haber dicho después, cuando mi madre se suicidó, cuando yo desaparecí. Mucha gente me había visto salir de la cuidad, y perderme en los bosques, antes de que decidiera, por alguna razón, lanzarme al río, y así marcar mi destino por el resto de la eternidad, literalmente. Pero eso era parte del pasado, como casi todo.

No tenía sentido pensar en ello. Aunque, debía admitir, que así como odiaba vivir en otra época que no fuera el presente, también estaba condicionada por todo lo que había hecho.

Mis errores.

Pero no era como mi hermano en ese sentido, un mártir incurable. Había llegado a la conclusión, a lo largo de todos esos años, que le gustaba sufrir. Había pasado tanto tiempo sufriendo, culpándose, que estar bien consigo mismo le daba miedo, pánico. Era una pobre alma que desconocía el estado imperturbable de la paz interior.

A diferencia él, yo siempre encontraba el modo de salir adelante, de subsistir si era necesario, pero nunca dejarme tragar por la oscuridad. El mundo esta lleno de mucha luz, de muchas razones para ser feliz, a pesar de todo.

Sin embargo, que fácil era sentirme frustrada, avasallada, no por las personas, sino por las circunstancias, que atacaban constantemente mi aparente estado imperturbable. Por más que siempre había deseado la normalidad, la comodidad de ser una más entre el montón, eso parecía imposible, parecía irreal.

Estaba condenada a sobresalir siempre, a nunca pasar desapercibida.

No es que no disfrutara de la atención de la gente. Sería mentir si dijera que no lo hacía, porque a pesar de todo, era vanidosa, y en cierta forma, me encantaba ser así, una completa mujer. Estaba orgullosa de mi cuerpo, de mi rostro, de muchas facetas de mi personalidad. Me amaba a mi misma en muchos sentidos, y creía que eso era bueno. Toda persona debe respetarse, sentir que su cuerpo es su templo sagrado, sin que en el concepto mediara cualquier connotación religiosa, sino de una forma diferente, sentir que nuestro ser, es lo más importante que tenemos, no ser autodestructivo. Esa es la única forma en la que el camino hacia la felicidad aparece, y si bien no era nadie para dar consejos, al menos intentaba convencerme de que estaba en lo cierto. El tiempo me daría la razón, o me demostraría que estaba equivocada, a esa altura de las circunstancias, creía que me daba igual.

Todo me daba igual.

Pero eso no evitaba que me enervara la postura de Raphael. Me sacaba de quicios su forma de encarar la vida, su pasividad. Era mi hermano, y como tal, lo amaba como nunca podría amar a otra persona. Había veces que me preguntaba como podría llegar a dejarlo solo. Porque, a pesar de que no buscaba el amor, sabía que tal vez, a través de las vueltas de la vida, quizás algún día llegara; y el sólo hecho de pensar que ese vampiro, o humano, en realidad no lo sabía, pudiera hacer que restara tiempo en compañía de Raph, me hacía pensar si era algo que en realidad quería.

No me gustaba estar sola. Necesitaba compañía para sentirme por completo bien conmigo misma. Raphael era mí opuesto en ese sentido, a pesar de que siempre estaba conmigo, sabía que para él la soledad era algo más aceptable. Pero ella no era su amiga, como yo sabía que él pensaba, era su peor enemiga, que sólo lograba que cavilara en todas esas cosas que lo lastimaban. Yo sabía muy bien que la soledad es un alicante que alimenta la locura, y por lo tanto, evitaba estar sola, si podía evitarlo.

Con que rapidez el tiempo avanzaba. Hacía tan solo seis años, me encontraba en un estado por completo diferente. Estaba, no sabía si era la palabra, pero creo que me arriesgaría, era feliz. Tenía a mi hermano, teníamos todo aquello que siempre me había faltado cuando era humana, e íbamos de un lugar a otro buscando un lugar donde sentirnos como en casa.

Lo encontramos, y por mi culpa, nos lo arrebataron.

Por este poder, tan asqueroso, tan avasallador.

¿Por qué me lo habían dado? ¿Cómo un premio? ¿Cómo una maldición? No lo sabía, y eso era otra pauta que podía añadir a mi lista de cosas que jamás sabré.

Ahora, en ese tiempo presente, nos encontrábamos vagando nuevamente. Que cosa tan estresante. Había algo, que a pesar de todo, podía decir que había mejorado.

Mi hermano.

Ya no era una sombra, ya no lo veía tan melancólico o sufrido. Sabía que todas esas cosas no se irían de un día para el otro, esa era una certeza innegable. Pero al menos, algo comenzaba a cambiar en la superficie, y esperaba, rogaba, que pronto hiciera algo profundo, algo permanente.

A pesar de que Michelle nunca me había caído bien, de que había sido cruel con ella en las contadas ocasiones que mantuvimos contacto antes de irnos de Douglas, tiempo después, había llegado a comprenderla…

Raphael nos había obligado a pasar más tiempo juntas del que hubiese querido, y como mis ganas de hablar con alguien, de interactuar con alguien, habían sido más fuertes que mis sentimientos hostiles, había terminado por intentar, al menos entablar una conversación.

– ¿En qué piensas? – Le pregunté una tarde que la veía más callada que de costumbre. En general, no hablaba mucho cuando Raphael no estaba cerca, pero en esa ocasión era incluso más notorio.

– En nada... – Mintió pésimamente.

No quise forzarla a hablar, pero algo en su expresión me dijo que debía insistir, tal vez de esa forma podríamos romper el muro existente entre ambas.

– Sé que no he sido muy buena compañera contigo, pero puedes contarme las cosas que te acongojan. Tal vez pueda ayudarte en algo.

Dudó. Al final de cuentas tenía razón. Había sido poco menos que una tirana con ella.

– Esta bien, olvida lo que te he dicho... – Comencé a decir a modo de disculpa.

– No… –Dijo ella entonces. – No es que no quiera hablar contigo. – Dudó. – Sólo que a veces siento que es mejor que sufra mis penas yo sola.

Intenté que esas palabras no me sonaran terriblemente familiares. Mi mente se tensó, y me previno.

“Ahora no vives con un mártir, vives con dos. Buen trabajo”. Se burló.

Pero, en cualquier caso, no era su culpa que mi hermano hubiese minado por completo mi paciencia.

– Sí en algún momento deseas charlar sobre tus penas, no dudes en hacerlo conmigo. – Musité luego de un minuto de silencio.

Recorrió la habitación con la mirada. En esa ocasión, nos encontrábamos en el norte de Italia. No me gustaba mucho el hotel en el que nos habíamos hospedado. Ninguno en realidad de todos los que ya habíamos recorrido era mi favorito. Todos eran comunes, sin una pizca de diseño o de buen gusto y clase. Pocilgas.

– Extraño a mi familia… – Musitó por fin mi nueva hermana.

– Lo supuse… – Declaré. – Realmente me gustaría hacer algo para ayudarte con eso, pero no puedo. Tu has visto los cambios que se han producido en tu cuerpo, en tu rostro… no te reconocerían, y si lo hicieran, se darían cuenta de que algo ha cambiado.

– No puedo creer lo rápido que ha pasado el tiempo. – Comentó. – Hace tan solo unos meses vimos a Renesmee casándose, y ahora estamos de nuevo aquí, solos.

– Es parte de esta vida... – Mi voz sonaba tan cansada... tan exhausta.

– A veces simplemente no puedo pensar en otra cosa más en lo que habría pasado si hubiese tomado las decisiones correctas. – Dijo.

– Eso no podrías saberlo, Michelle. – Intenté animarla. – No te tortures. No tiene caso que lo hagas.

– Sin embargo... – Se mostró en desacuerdo. – Eso es lo que la mayoría de nosotros hacemos...

– ¿A que te refieres? – Quise saber.

– A pensar en los supuestos. Quizás muchos de nosotros vivimos en condicional.

Me quedé petrificada. Había pensado siempre que ella no era una chica con muchas luces. Pero su simple enunciado me hizo dar cuenta de que tenía razón, de que a pesar de todo, de mi inescrutable resolución, de mis pocas ganas de sufrir, de mi aura siempre optimista, incluso siendo así, vivía pensando en que muchas cosas serían diferentes si las circunstancias hubiesen sido otras.

– Juzgas a tu hermano... – Continuó, dejándome pasmada. – de ser débil. Tú no lo eres, claro que no. Eres fuerte, quizás demasiado, pero Malenne. – Me miró a los ojos, y por alguna extraña razón, no pude huir de su mirada. – tu odias lo que eres... y desearías no serlo... desearías no ser tan... poderosa.

– Eso es cierto... – Contesté secamente. No podía mentir. Odiaba este poder, esta asquerosa fuerza que me ataba a una vida de huidas, y lo peor, no sólo me obligaba a escapar a mí, sino también a mi hermano, y ahora también a Michelle. – Aunque no entiendo a lo que vas.

– Yo tampoco. Sólo sé que el tiempo pasará eternamente y no dejaré de sentir esto que me hace estremecer de miedo. Al igual que tú siempre temerás por aquello que te hace única.

– ¿Y qué es eso? – Pregunté a pesar de que lo sabía.

Volvió a dudar, pero al final, respondió.

– Amo a tu hermano, pero él ama a Renesmee, y no sé si puedo luchar contra eso.

– Tal vez debas arriesgaste, no pierdes nada con intentarlo. – Le había dicho, con la esperanza de que lo hiciera.

¿Cuántas veces había soñado con la idea de que Renesmee eligiera a Raphael en vez de a Jacob? No lo sabía. A pesar de que deseaba que mi mejor amiga efectuara una decisión basada en el amor y no en la lástima, eso no había evitado que pensara en el asunto.

Yo sabía algo, tenía una certeza.

Ellos dos podrían haber estado juntos de una forma muy pura. Perfecta. Simplemente porque Raphael era lo que ella necesitaba, porque si los hombres lobo y la imprimación no hubiesen existido jamás, mi hermano y mi mejor amiga hubiesen sido el uno para el otro. Claro que sí...

Pero ella amaba a Jacob. Y eso, a pesar de todo, no era una obligación. Ella simplemente le quería. No era sólo la magia de esa unión, era mucho más, mucho más fuerte que cualquier cosa. Y como su mejor amiga, debía apoyarla.

– Yo lo quiero, quiero que sea feliz. Quiero pasar la eternidad con él. – Declaró con el corazón en un puño.

En ese momento vi a la verdadera Michelle. A la niña que mis ojos había evitado descubrir por mis prejuicios. Era una buena chica, a pesar de todo lo que yo sabía que había hecho.

Y esa fue la primera vez que comencé a conocerla, y también fue cuando me di cuenta de que ella, tal vez, podía ser la indicada para salvar a Raphael de su propia autodestrucción.

De eso modo, los días continuaron pasando, hasta que llegó el momento en el que dije basta a su tristeza, cuando fui, cuando tuve que ser cruel con él. Huyó, como siempre hacía, se escapó de la realidad, esa era su mejor defensa. Correr como una cobarde, y estaba cansada de que lo hiciera.

Me quedé sentada en el mismo sitio donde habíamos hablado, mientras Michelle se unía a mí.

– No debiste haberlo dicho todas esas cosas... – Me reprendió. – Lo has lastimado.

Pero no necesitaba de sus sermones.

– Era la única forma. – Contesté con rudeza.

– Eso es todo lo que tú dices, todo el tiempo. En el fondo no eres muy diferente a él...

– No sabes lo que estas diciendo. – La previne.

– La única diferencia que existe entre ustedes es que él no sabe lo que hacer con su vida, y tu crees que porque has sufrido muchas cosas, tienes derecho a decidir que es lo que los demás deben hacer...

La verdad fue como una cachetada. Porque en el fondo, a pesar de todo sabía que tenía razón.

– A veces las decisiones que tomas no son las mejores, Malenne. – Sentenció. – No eres nadie para decidir por él...

– ¡Soy su hermana! – Casi grité, rodeadas como estábamos de gente. – ¡No te atrevas a cuestionarme, Michelle White!

– ¿Ahora soy White de nuevo? – Preguntó con sarcasmo. – No, Malenne. Grítame, di que tienes derecho si quieres, pero la verdad es que eres igual de patética que él.

– Eres una chiquilla tonta... – Contesté con igual ironía que ella, pero esa parte de mi mente que tanto había trabajado para que no saliera a la superficie, gritaba que tenía razón, que siempre me había sentido mal conmigo misma.

– No tienes idea de lo que soy capaz de hacer por lo que acabas de decir... – Musité conteniendo la ira.

– Adelante... – Contestó ya más sosegada. – Oblígame a irme. Oblígame a lastimar al hombre que amo con palabras duras. Haz lo que quieras. Podrás gobernar mi cuerpo, obligarme a cometer las calamidades más graves del mundo, hacer que los abandone, pero no puedes gobernar mis pensamientos, mi forma de ser...

– No voy a hacer eso... – Declaré, aunque lo deseaba, desde luego. Demostrarle con quien estaba hablando, con quien se había metido.

– No quiero discutir contigo, Malenne. – Dijo luego de unos minutos en la que las dos nos quedamos observándonos a los ojos, y el momento de tensión se disipó. – Sabes muy bien que valoro tu compañía, pero fuiste innecesariamente cruel, y vi su expresión, y me dolió a mí.

– Ve a buscarlo entonces... – Pedí, pero no como una orden, sino como una suplica. – Ve a buscarlo y dile lo que sientes... ámalo como él lo necesita.

Y se alejó corriendo de mí, dejándome de pie entre la multitud. Corriendo por el amor que sentía por Raphael.

Todo fue mejor después de eso. No sabía que había pasado en ese encuentro, tampoco quería averiguarlo. Sólo tenía una certeza, mi hermano había cambiado.

Michelle lo estaba reconstruyendo pieza por pieza, dándole su tiempo, no obligándolo a que le demostrara un amor que todavía no sentía. Ella, sin embargo, se desvivía por él. Ya no dejaba que se escara solo, pero tampoco lo sofocaba. Cuando lo veía algo triste, enseguida lo acariciaba, intentaba hacerlo sonreír, y para mi sorpresa, él respondía a sus gestos de la mejor forma. También intentaba que eso funcionara.

Y sólo con eso era feliz. Viendo que ellos, de un modo por completo nuevo, intentaban serlo. No volví a discutir con ninguno luego de ese violento día, donde aprendí y me di cuenta de que Michelle tenía razón. Desde ese momento, y para mi completa sorpresa, pude verla no sólo como una amiga sino como alguien con carácter, porque eran pocas las personas que me había desafiado sabiendo de lo que era capaz. La chica tenía agallas, y eso me gustaba. También pude verla como algo que ella deseaba hacía tiempo, como mi cuñada, como alguien que pudiera estar con mi hermano.

– Gracias... – Susurró Raphael una tarde en la que nos encontrábamos solos en la casa que habíamos alquilado para pasar, esta vez, no sólo unos días, sino tal vez, unos meses. Por primera vez en años, nos habíamos animado a no escaparnos tan rápido de un sitio. Michelle había salido a comprar muebles y cosas para decorar.

– ¿Por qué? – Pregunté desorientada ante sus palabras.

– Por lo que has hecho por mí... – Respondió. – Michelle es... – Dudó. – es alguien especial.

– Te ama. – Dije, aunque no necesitaba escucharlo de mis labios para saberlo. Ella se lo recordaba todo el tiempo con infinitos gestos. Desde una simple caricia, hasta el más apasionado de los besos. – Y no debes agradecérmelo a mí, sino a ella.

– Lo hago, todo el tiempo. – Sonrió. Me llenó de tanta paz poder ver esa sonrisa, no era tan impresionante como las que solía hacer cuando estábamos con Renesmee, pero sí llena de sinceridad, de quietud.

– ¿La amas tú? – Era una pregunta obligada. Quería escuchar que sí, pero lo conocía, era mi hermano.

No contestó inmediatamente. Mala señal.

– Quiero hacerlo, voy a lograrlo. – Musitó entonces. Parecía convencido, no como antes, cuando sus palabras escondían una melancolía y una sensación de fracaso anticipado que me desgarraba el alma. Esta vez se oía por completo diferente. – Michelle se lo merece, y ya me di cuenta de que yo también lo merezco.

– ¿Y Renesmee? – También tenía que preguntarlo, era inevitable.

Su semblante volvió a cambiar.

– Ella siempre estará en mi corazón, no importa lo mucho que intente olvidarla. – Respondió con tranquilidad.

– Sé que siempre estarás en el suyo. – La defendí, a pesar de que él no había dicho lo contrario.

– Sabes muy bien que no puedo olvidarla. Ahora lo único que quiero es pensar en que ella tomó la decisión correcta, que ama a su esposo, y soy feliz con ello. Si se encuentra bien, entonces yo puedo estar tranquilo. Nunca hubo algo que deseara más que su felicidad.

– Eres demasiado bueno, hermano. – Musité.

– No lo soy. – Me contradijo. –Simplemente digo lo que pienso. En este momento quiero concentrarme en las cosas que me harán bien, sin ser egoísta. Y Michelle es feliz, y yo quiero serlo con ella. Creo que es lo mejor que puedo hacer. Y lo voy a lograr, voy a ser feliz, lo siento.

Sonreí, no pude evitarlo. Simplemente era demasiado para mí.

Me acerqué a abrazarlo, hacía tanto tiempo que no lo hacía. Me gustó la sensación, porque en ese último tiempo, sentía que lentamente, se perdía ese vínculo tan especial que siempre nos había unido. El respondió como esperaba, y me di cuenta de que eso era imposible, que siempre seríamos nosotros dos, a pesar de todo.

– Te amo, hermano. – Susurré en sus brazos, que me apretaron a él con ternura. – No tienes idea de lo feliz que me hace esto...

– Gracias, Malenne. – Contestó él acariciando mi cabello con sus suaves manos. – Ha sido un largo tiempo en oscuridad, quizás ya sea momento de ver la luz nuevamente, para los dos.

Había un doble significado en sus palabras, no eran simplemente un consejo, una guía.

– ¿Qué quieres decir? – Pregunté entonces.

– Tal vez sea momento de que tú también abras tu corazón. No me gusta verte tan sola, eres un ser maravilloso.

– Esperarás mucho para verme con alguien, Raphael. – Sonreí. – Serás un vampiro, pero siéntate, porque te cansarás de estar de pie.

– Eres una tonta... – Rió conmigo. – Pero estoy hablando en serio.

Me observó, y pude ver en sus ojos la mis expresión con la que yo lo había visto tantas veces, cuando me dolía profundamente verlo triste.

– Yo no estoy hecha para las relaciones. – Musité, esta vez con seriedad. – Has visto como soy... volátil, demasiado libre para atarme a alguien. Y de todos modos, aunque quisiera, no estoy en condiciones de conocer a nadie, vivimos viajando.

– Aparecerá... – Respondió con una sonrisa deslumbrante. – Y tal vez... los cuatro podamos ser felices.

No quise romper la burbuja fantasiosa que se había creado en su mente, porque eso que pensaba, estaba muy lejos de volverse realidad, pero por otro lado, nunca lo había escuchado así de animado, ni siquiera en los escasos recuerdos humanos que tenía de él.

En ese momento llegó Michelle, cargada de bolsas enormes, quizás demasiado grandes para que una humana pudiera cargarlas, pero todavía era algo inexperta en esas cosas, y tampoco quería reprenderla por esas cosas mínimas. Por suerte, el día estaba nublado, todos podíamos salir a la calle.

– ¡Llegué! – Anunció con una sonrisa. Se acercó a nosotros, y como era de esperar, caminó hacia su... ¿Cuál era la palabra? ¿Novio?, y le depositó un tierno beso en los labios. Él regresó el gesto. Era maravilloso verlos así, realmente llenaba el corazón.

– Te he comprado algo de ropa, mi amor. – Le dijo con el tono de voz lleno de alegría. – Espero que te guste.

En ese momento me sentí ligeramente fuera de lugar. Raphael agradeció a Michelle por el gesto y se puso de pie. Ella lo abrazó, algo en su expresión al tocarlo me decía que todavía no podía creer que le perteneciera sólo a ella.

– Te amo... – Le susurró al oído, tal vez intentando que yo no oyera, por lo bajo que lo había dicho.

Mi hermano no contestó, simplemente se acercó a besarla por un segundo, apoyando sus labios tiernamente en los de ella. Sabía que no quería decirle algo que no sentía, y ella parecía de acuerdo con eso, porque su silencio no la desanimó, por el contrario, devolvió el beso con más pasión. Estaba decidida a ganar su corazón, sea de la forma que sea.

Si esto era un juego, al menos ambos conocían las reglas. Esperaba que ninguno saliera lastimado, porque jugar con fuego es peligroso, y a pesar de todo, incluso teniendo cuidado, sueles salir lastimado.

Los dejé solos, mientras ambos intentaban disfrutar de ese cariño que se tenían. Ya habían pasado dos años desde que estaban juntos, y cuatro desde que no veía a mi mejor amiga.

La extrañaba mucho, echaba de menos todos esos tiempos que habíamos compartido juntas, y saber que el alejamiento se debía a mi condición, a mi poder y al peligro que representaba para ella y su familia, empeoraba las cosas.

Estábamos en una pequeña localidad al sur de Londres. Salí a caminar por las calles, que se veían tan angostas y antiguas como las que transitaban en el Paris de mi juventud. Pude ver por lo abrigada que estaba la gente, que hacía frío, y como consecuencias, la mirada extrañada que todos me dieron. Observé mi indumentaria. Tenía solamente unos jeans oscuros y un suéter ligero de color canela.

Busqué con miradas de costado la única casa de ropas del pueblo. Entré y compré el abrigo más mullido y con aspecto más abrigado que encontré. No es que me importara que me miraran mal, pero cuando fui consciente del aguanieve que estaba pegada al piso, me di cuenta de que estaba por completo inapropiadamente vestida.

Caminé un poco más, perdiéndome entre las callezuelas, y alejándome, tal vez inconscientemente, mientras salía del pequeño pueblo, y llegaba hacia un pequeño bosque nevado. No sabía por qué, pero de repente me sentí con ánimos de vagabundear sin sentido.

Me adentré más y más en ese lugar, y caminé con tranquilidad entre las copas de los árboles.

Llegué a una enorme roca cuya parte superior era por completo plana.

No sabía por qué, pero ese día estaba muy meditativa. Y una conducta por completo diferente en mí tomó mando de mis acciones.

Pensar en el pasado.

Había cosas que recordaba con una nitidez rayana en la locura, como la conducta prácticamente esquizofrénica de mi madre, o las veces en las que ella se había esforzado para que no pudiera marcharme...

Esos tiempos que había aborrecido por completo, y como si se tratara de una broma, comenzaron a llenar toda mi mente. Quizás me encontraba débil, porque nunca había dejado que me superaran, pero ese día, no había podido con ellos...

Lo primero que vino a mi mente fue el gran hecho que marcó mi destino, mi pelea con Raphael, cien años atrás...

Nos encontrábamos en América. En un gran departamento que habíamos rentado.

– No vayas... – Había suplicado. – No la busques... ¿No te das cuenta de que es tiempo perdido?

Él no me escuchaba. No le importaban mis palabras. Estaba cegado por ese amor enfermizo. ¿No había sido suficiente el hecho de que lo había transformado, había arruinado su vida, y encima de todo, lo abandonara?

– Tú no lo entiendes... – Se había defendido. – Estoy seguro de que si nos volvemos a ver, tal vez ella se de cuenta de que me ama...

– Te estas engañando a ti mismo, Raphael. – Le dije. – Ella no te quiere, jamás lo hizo. Fuiste su juguete. Entiéndelo de una vez.

Y esa vez también lo había herido, pero por su propio bien, para que no me dejara, para que desistiera de esa idea tan absurda...

– Julia dijo que me quería... – Recordó en un susurro tan bajo, tan triste.

– Te mintió, hermano. – Contesté. – Una mujer que ama a un hombre no lo abandona, no lo deja como ella te dejó a ti.

– Tal vez estaba confundida... – Intentó justificarla.

Me cansó... por primera vez en cien años me había cansado.

– ¿No escuchas lo que estoy diciendo? – Casi grité. – ¡Ella no te ama!

Su semblante se endureció, y contestó con mordacidad.

– ¡Y tú que sabes de amor! ¡Sólo porque tú no lo has experimentado no significa que los demás tampoco puedan amar!

– ¡No lo he hecho porque me transformaste en esto! – Contesté enloquecida por sus palabras. – Soy una piedra viviente por tu culpa... ¡Hubiese preferido que me dejaras morir, antes de tener que vivir así, soportando tu estupidez!

Lo había herido. Lo sabía.

– Lo hice porque creí que era lo correcto. No merecías la muerte. – Musitó por completo dolido. – Nunca creí que dirías eso...

– Bueno, ahora lo sabes. – Dije todavía enfadada. – Morir hubiese sido mejor.

– Si piensas eso, no veo motivos para que sigamos juntos... – Confesó arrepentido. – Quizás sin mí puedas encontrar tu lugar en el mundo. Realmente lo siento, sabía que lo veías así, como una condena. Volver a tu vida fue un error. Lo siento mucho.

Y su dolor fue nuevamente parte de mi dolor. Me había extralimitado.

– ¡No! – Supliqué. – No te vayas.

Pero ya era tarde. Había dado vuelta y se había marchado.

Me había dejado sola, con las disculpas en la boca. Sin darme posibilidad de disculparme por mi estupidez.

Y ese fue el primer momento en toda mi vida en el que realmente había tenido que estar por completo y totalmente sola. Vagar por el mundo, sin un lugar a donde ir...

Comencé a recorrer el mundo, en un vano intento de seguirlo. Pero él era mejor que yo en esos asuntos. Intentar llevarle el paso era en vano si él no quería que lo encontrara.

Llegué a Europa una tarde de verano, cuando el sol se ponía por el horizonte, y no tendría inconveniente en caminar por las calles.

Fueron tiempos de soledad, tan vacíos de cualquier significado.

Luego le siguieron los momento de mayor oscuridad, el momento en el que casi había vendido mi alma.

Cazaba por los Alpes suizos, en busca de una presa lo suficientemente violenta, una forma de evadir todos los problemas. Un vago intento por luchar contra ellos.

Y entonces, de la nada... un efluvio de vampiro. Me desorienté, girando la cabeza hacía todas las direcciones. Y nunca supe por qué comencé a seguirlo. Ese fue el inicio de un calvario que duró diez años...

Él se dio cuenta demasiado rápido de mis intenciones. Comencé a asustarme cuando, descendiendo por la ladera, el hedor a sangre humana se hacía más y más notorio... mala señal. Muy mala señal.

Entonces llegué hacía los restos de un campamento humano. Sólo se escuchaba el sonido del viento, y una respiración pausada. Me estaba esperando.

– ¿Quién eres tú? – Preguntó Brad. Era un vampiro hermoso, a pesar de cómo brillaban sus ojos en ese momento, escarlatas. A sus pies yacían dos humanos muertos. Un hombre y una mujer. Su cabello era oscuro, negro, en contraste absoluto con su piel, casi tan blanca como la nieve que nos rodeaba.

– Puedo hacer la misma pregunta. – Interrogué, negándome a presentarme.

– Mi nombre es Brad. Nunca te había visto por aquí... – Observó mis ojos, que a pesar de que hacía bastante que no me alimentaba, todavía estaban dorados. – Hermosos ojos...

– Gracias. – Contesté con la mandíbula tensa. No sabía si había hecho lo correcto al presentarme allí, podría estar con más, y si se ponían violentos, no contaba con el poder para defenderme.

– Todavía no me has dicho tu nombre. – Musitó con curiosidad.

– Malenne. Malenne Blancquarts.

– Mucho gusto... – Sonrió y mostró una deslumbrante sonrisa. – Eres una belleza, Malenne. ¿Estás sola?

– Podría decirse que sí. – Contesté.

– Es una lastima. Jamás dejaría que te vayas si me acompañaras. – Se acercó, del todo relajado.

– Eso es algo imposible. Soy un alma muy libre... – Todavía no había bajado la guardia. A pesar de que en ese momento mi poder no era ni la sombra de lo que lo era ahora.

– ¿Alma? – Cuestionó. – ¿Quién te ha dicho que tienes alma? – Se burló.

– Sé que la tengo. – Respondí, ya enfadada.

Él rió.

– Si tú lo dices... – Para ese momento, había eliminado toda la distancia que había entre nosotros, transformándola en poco más de un metro.

– Estás sola. – Sentenció esta vez. No era una pregunta. – Ven conmigo, puedo presentarte a muchos amigos.

Pude darme cuenta de que la última palabra era sólo un modismo.

Y movida por la locura, lo seguí.

Era un grupo extraño, se encontraban en lo profundo de las montañas, reunidos en la intemperie, y a veces en las cabañas de los humanos que asesinaban para alimentarse. Muchos se escandalizaron de mi modo de vida, de mi modo de alimentación. Un desperdicio, lo llamaban.

Eran varios, todos obsesionados con el poder. No tenían idea de cómo conseguirlo, pero sólo sabían que era su mayor anhelo.

Con el tiempo, al único al que podía tenerle algo de confianza era a Brad. Tenía un gran don, muy desarrollado. Todavía me costaba trabajo creer como podía mover las cosas sólo con el pensamiento.

Por accidente, él descubrió mi poder.

Se había empecinado en conquistarme, en lograr que lo viera como algo más que sólo un compañero de aquelarre...

– ¡No te acerques! – Le había advertido. Pero insistía, e insistía, y en el momento en el que se acercó lo suficiente, lo toqué, y le ordené que se fuera.

Desde ese momento, quedó maravillado. Tan sólo de pensar en las posibilidades que ofrecía mi don, su mirada se tornaba increíblemente soñadora. Y desde ese segundo, se ofreció a ayudarme.

Sus técnicas no eran sutiles o compasivas. Puso lo mejor de sí, y gracias a eso, logré alcanzar la perfección. Si me arrepentía de algo, a pesar de que era un imbecil, fue de no haber podido llegar a tiempo para salvarlo.

Aunque no podía sacar de mi mente la imagen exacta de cuando lo desmembraban. Ni siquiera me quedé para ver como incineraban los pedazos, eso hubiese sido demasiado. Pero eso pasó mucho después, antes de ello, la conocí... a ella, al origen de todos nuestros males.

Una tarde, luego de pasados varios meses de estar con ellos, llegó una nueva visitante. Bueno, nueva para mí, porque todos ellos ya la conocían.

Julia...

En ese momento, no sabía a ciencia cierta si era ella o no. Podía ser una simple coincidencia, pero no lo era. La reconocí en cuanto la vi. En cuanto vi sus rizos negros, del color de la noche. Raphael me la había descrito infinitas veces a lo largo de todos esos años, y a pesar de que la había visto hacía tanto tiempo, todavía la recordaba con perfecta precisión. No había margen absoluto para el error.

Desde el mismo principio no le caí bien. Tal vez era una cuestión inconsciente en ambas. Quizás, ella sabía quien era, aunque lo dudaba... La única opción viable, hubiese sido si Raphael, antes de convertirse, o mejor dicho, antes de que lo abandonara, le hubiese contado de mí, o de Filippe o Virgine. Como sea, ella pareció aborrecerme inmediatamente...

Ese era el primer secreto que nunca podría revelar.

Que había conocido a Julia.

El segundo, era más aterrador aún.

Era una noche sin estrellas. El cielo estaba por completo cubierto, y casi todos habían salido de caza. Me había alimentado unos pocos días antes, no estaba sedienta. De igual modo, tampoco me apetecía acompañarlos, porque no quería poner a prueba mi autocontrol. Para ese momento, mi poder ya estaba por completo desarrollado, ya habían pasado cinco años desde que estaba con ellos.

– ¿No cazarás hoy? – Se acercó ella con ese andar de prostituta. No era para nada elegante.

– No. – Respondí secamente. No tenía idea de por qué se esforzaba en hablarme. Ambas sabíamos que no nos caíamos bien. – He ido de expedición hace unos días.

– Animales... – Dijo con desdén. – La verdad no sé que es lo que pasa por tu cabeza... La sangre de humano es tan apetecible. La de hombre, sobre todo. – Sonrió como una cualquiera.

Ella sabía lo poderosa que me había vuelto, estaba segura. Brad no hacía nada más que lucirse, decir que era su obra maestra.

– Hace tiempo que decidí no seguir ese camino. – Contesté, esforzándome por no perder la amabilidad, pero me era imposible. Tal vez para ella, Raphael sólo había sido uno más. Hasta ese momento, quería creer que lo que había hecho fue sólo un accidente, que no había querido marcarlo de esa forma. Estaba equivocada.

– ¿Y por qué? – Se mostró curiosa. – ¿Qué es lo que te ha llevado a tomar esa decisión? Te veo como una vampiresa demasiado fuerte y decidida como para privarse de semejante placer.

Dudé. Quizás era momento de descubrirme.

– Mi hermano esta comprometido con este modo de vida. Él vivió experiencias muy... dolorosas.

– ¿Tienes un hermano? – Preguntó descomponiendo el rostro de pura sorpresa. – ¿Y por qué no estas con él?

Desvié la mirada. No quería contestarle mirándola a la cara, porque se daría cuenta en el acto a que me refería.

– Esta buscando a la mujerzuela que lo convirtió. No puede aceptar que no lo ama. – Contesté con el mismo desdén que ella había utilizado unos segundos antes.

Se quedó en silencio, y casi escuché como las piezas caían una a una en su cabeza.

– Blancquarts. – Susurró, con una chispa de compresión.

– Así es. – La observé esta vez a los ojos.

– ¿Cómo se encuentra Raph...? – Preguntó con ironía, en especial a pronunciar el diminutivo. No parecía alterada.

– ¿He de suponer que te importa? – Quise saber.

– En realidad, no. – Contestó suelta de cuerpo. – Nunca me importó. ¿Puedo preguntar algo más?

– Parece que esta es una noche de confesiones... – Dije.

– ¿Eres realmente su hermana? ¿La pequeña Malenne? ¿O sólo te haces llamar así por deferencia a él?

– ¿Cómo sabes de mí? – En ese momento, la impresionada era yo.

Puso los ojos en blanco.

– No hacía otra cosa más que nombrarte... – Dijo luego. – A ti especialmente. Humanos... se atan tanto a los seres que los rodean. No ven que sólo son obstáculos para lograr lo que quieren.

El pecho se me llenó de un sentimiento tan embriagador. Él le hablaba de mí a ella.

– Era un chico muy tonto. – Continuó. Escuché atenta, esperando un que me diera la posibilidad de descargar la ira que crecía en mí, sólo necesitaba un pretexto. – Tan soñador. – Rió con soberbia. – Necesitaba una dosis del mundo real. Por eso lo transformé...

– ¿Tú... lo hiciste a propósito? – Pregunté, en estado de shock.

– Claro que lo hice a propósito. – Sonrió con maldad. – Todo lo que pasó fue por mi causa. Lo destruí hasta lo más profundo que podía.

– ¿Por qué? – Me había quedado petrificada. Mi hermano, mi hermoso hermano no hacía más que culparse por todo lo que había pasado, y ella reía. Se burlaba.

– Porque me encanta jugar con la comida... – Musitó.

¿Estaba loca? ¿Realmente esa mujer estaba loca?

– No tienes idea de con quien te has metido... – Susurré, poniéndome de pie.

– Tú te ves diferente. Mucho más fuerte que él. – Continuó, como si no hubiese confesado algo tan aberrante. – Tú puedes llegar muy lejos. Déjalo ir, es sólo un imbecil. Estuvo siguiéndome, creo que ahora se encuentra en Italia.

– ¿Cómo sabes eso? – La curiosidad me estaba matando.

– Porque también soy rastreadora. – Explicó.

– Debo encontrarlo. – Me desesperé. Debía decirle que todo lo que él pensaba era incorrecto, que no era un monstruo, que ella lo era, que siempre lo había sido. Que él era bueno, sólo una victima de su sadismo. – Debo irme.

– ¡No! – Se interpuso en mi camino. – Tú eres nuestra mejor arma para atacar a los Vulturis... debes estar con nosotros.

– Me importan muy poco los Vulturis y su asquerosa secta de dementes. Sal de mi camino. – Casi grité.

Se alejó, dejándome el paso.

– Adelante, ve a reunirte de nuevo con ese fracasado. – Dijo con odio. – Y dile de mi parte que deje de buscarme. Nunca lo amé, nunca lo amaré.

Y su forma de ser me sacó de quicios.

Todo el dolor, toda la ira, todos esos sentimientos salieron juntos de mi cuerpo, direccionándose a ella. A esa maldita perra.

– No tienes idea de lo mucho que te arrepentirás de haber dicho eso... – Musité en la oscuridad, volviéndome, y caminando lentamente hacia ella.

“Quédate quieta” Ordené.

– A mi también me gusta jugar juegos sádicos... – Le susurré al oído, mientras se daba cuenta que había cometido muchas estupideces en una noche, estupideces que le costarían la vida.

Y esa fue la primera vez que asesiné a una persona, si es que ella merecía tal nombre.

– ¡Malenne! – Se escuchó la voz de mi hermano, la cual me trajo de nuevo a la realidad, a esa pequeña localidad de al sur de Londres. – ¿Dónde te has metido? – Me reprendió, pero su voz se llenó de alivio al verme bien. – Hemos estado buscándote.

Sonreía, tenía la mano fuertemente apretada a Michelle. Se los veía tan bien juntos.

Corrí a su encuentro, no pudiendo contenerme en abrazarlo.

– Te amo, hermano. – Musité.

– Yo también, tonta. – Contestó riendo y mirándome a los ojos. – ¿Te has vuelto loca?

– No, sólo quería decírtelo.

Era lo único que podía decirle, porque todo lo demás, lo callaría para siempre.

34 comentarios:

Anónimo dijo...

Yuju ya esta publicado!!!!!
atte: Gris

Rocío dijo...

No quiero ser el segundo comentario, jejeje... esperare!!

Janeth dijo...

NOOOOOOOOOOOOOOO..............!!!!!!!!!!!!!!!!!otra vez no fui la primera noooooooooooo......!!!!!!!!hermoso capitulo me encanto....!!!!!!!!!

Llovisna dijo...

Por fin llego entre las primeras jejeje, en todo caso aún no lo he finalizado de leer.

Más tardecito dejo mi opinión.

Angé vg

C!@r@ dijo...

Hay Pabli... estaba bueno... pero cortastes de una manera poco aristica la descripcion de la muerte de julia...
aunq esta buena, la percepcion... me gusto dentro de todo... y nuevamente gracias x regalarnos tu talento...

Anónimo dijo...

Excelente!!! Como siempre dejas con las ganas de querer leer mas y mas. Felicidades!!!!
Atte: Gris

Anónimo dijo...

SIII PABLI QUE BIEN QUE SACASTE ESTE CAP ME ENCANTO DEMAIADO PABLI

Sandra Zulieth dijo...

:'( ahora si estoy llorando...... :(.......la verdad es muuuy emocionant leer todos las capitulos Pabli, por fin Raph esta eencontrando el amor verdadero, y Michelle intenta recomponerle el corazon....muy romantico....bueno...y essa perrrsona de Julia....a mi q me hubieran dicho eso, q le hibieran hecho eso a alguno de mis hermanos.....la hibiera torturado mas.....jejeje leyendo este capitulo me di cuenta de algo....solo una vez mencionast a Nahuel, no seria bueno volver a mencionarlo.....algo asi como la pereja de Mallie?? okno jjejeje...bueno super capitulo.... besos pabli cuidat
<3

Anónimo dijo...

Muuuuy bueno, tengo semanas esperando que lo publiques, y superaste mis expectativas... en realidad me hubiera gustado muchísimo si hubieras explicado completo como mató a Julia...

mariel nieta dijo...

Me encanto el capitulo como siempre excelente Pabli Gracias por compartir tus historias con nosotros sos un genio

Arielle Fernanda Andino Castro dijo...

Super lindo el cap! =) a mi tambien me hubiera gustado qe describrieras mas a fondo la muerte de julia ...pero aun asi me encanto como siempre

Stefy dijo...

fascinante.... y bien merecido tenia esa muerte julia.. pro hubiera sido mejor saber q sufrio o algo... jajaja
en fin... lindo como 100pre .. sigue asi!! y llegaras muy lejos!

Anónimo dijo...

me encanto muy bueno un poco de sentimientos removidos entre raph y mallie sobre el pasado...
te quedo muy bien pabli sigue asi me encanta como escribes
=D

Anónimo dijo...

por favoor siguee escriibienndoo tu muuii muii bn mil graciias x seguir esta sagaa

Anónimo dijo...

cryss cullen
Bien ya sabemos mas de la historia de Mall¡¡ella mato a Julia!!nose como se lo tomara Rapha, aunqwe aya sido por su bien. Pabli me encanta como escribes

Mickytaa dijo...

Me encanta entender a Malenne, aunque no es tan relevante :/

Me intriga el final alternativo.

Anónimo dijo...

muy bueno, me encanta esta confesión..
espero con ansias tus próximas historias

adrian

Sary Madera dijo...

Pabli que hermoso capitulo...!!
Sabes me sentí muy identificada con Malenne, ps la manera en que habla de Raphael de todo amor que siente por su hermano y todo lo q es capaz de hacer por el, tambn tengo un hermano por el cual haria lo fuera... Asi q me conmovió mucho todo eso.
Me alegro mucho de que Raphael se esta dando una oportunidad con Michelle, los dos se lo merecen...!

En fin encantada con este capitulo...!
Besitos, cuidate...!

LISY dijo...

Pabli, el capitulo me hizo sentir la soledad que Malenne sufria. Me la imagine como naufragando sin tener un punto a donde dirigirse, y el amor a su hermano, como su unica salvacion. La gran tristeza y deprecion al recordar su vida como humana, es palpable.

El amor de Michelle por Raphael y la forma tan patetica en que tiene que demostrarlo al saber que no es correspondida, te llega al alma. Tambien la confianza de que llegara a quererla, y lo que va logrando paso a paso, te hace ver una tenue luz de esperanza en su futuro, tal vez no muy lejano.

Raphael muestra una conformidad que te hace sentir que la paz de el, te rodea tambien conforme lo lo vas leyendo. El acepta el amor de Michelle, y aunque el aun no le corresponde, sabe que la llegara a querer un dia pero no se va a apresurar para hacerlo.

La forma en que describiste todos esos sentimientos, Me transporto no solo al lugar de los hechos, sino a la mente y el corazon de cada uno de los personajes. Se puede decir que he vivido la historia, personalmente.

PABLI, Este es un nuevo logro en tu carrera como escritor, tu capitulo es algo fuera de lo comun.

Te felicito de todo corazon, querido amigo !

Besos y abrazos,

LISY

Anónimo dijo...

Amo la saga de Twilight.
Amo la historia de Ocaso
Amo la saga de Cazadores de Sombras,
pero eso no viene al caso

Erzengel dijo...

Hola!!! qué hermoso blogS!!! y que genial tu historia.. lastima que llego para el final.
Tienen en mente algún nuevo proyecto?

Te sigo y te afilio y te invito a mi blog:
www.erzengel-palabrasalviento.com

Besos!!!!

Rocío dijo...

o.o

Malenne me ha dejado con la boca abierta, en este epílogo nos has mostrado una parte de ella que se mantiene muy oculta, no solo el tremendo secreto de que ELLA MATO A JULIA guau! eso fue... fenomenal... jajaja, porque la muy perra se lo merecía ¿por qué le hizo eso a Raph? mala, muy mala.
Además, nos muestra una parte de Malie que esta llena de anhelos, aunque le cueste reconocerlo, yo creo que ella merece que su corazoncito tenga la oportunidad de latir con más fuerza por alguien más que su hermano.
Y es que... yo tengo 3 hermanos y si bien a veces peleamos, nos queremos mucho y somos muy amigos, porque el amor de hermanos es distinto, sobre todo si te toca compartir cosas tan fuertes como lo que ellos han vivido juntos.
Entiendo esa necesidad de Malie por protegerlo, aunque exagere, pero es que él es tan vulnerable.
Me gusta también que se alegre de verlo feliz, cualquiera pensaría que ella se pondría dificil en cuanto a aceptar esa relación, pero no fue así... incondicional.
Y al final... toda esa superficialidad, ese modo de comportarse como si nada le importara demasiado, es sólo una fachada, ella es una mujer que lucha día a día por seguir adelante. Lo que quiero decir, es que a pesar de todo ese poder que tiene y de la seguridad que aparenta ¡Es humana! y es sensible y realmente quería mucho a Nessie.
Ojalá que vuelvan a encontrarse, ya sea tarde más tarde o más temprano, jeje, para saber también qué ocurrió con el embarazo de Nessie, jajajaja, a ver qué nació de ella... brrrr.

Te quiero muchísimo, mi Único, espero el Final Alternativo con ansias, jajaja.

Rocío.

Llovisna dijo...

mmmm, Pablo me has dejado sin palabras, boquiabierta, has superado en un 1000% mis expectativas sobre el epilogo de Mallie, es que en serio mmmm, mejor dicho necesito un momento para organizar mis ideas de manera coherente..........................Ahora si, que descarga de situaciones y circunstancias tan inesperadas, fuertes, emocionantes, de nuevo inesperadas, sorprendentes y mejor dicho que capítulo o epilogo tan magnifico, espectacular. Wow, vaya que Malenne posee un secreto tan grande y significativo que ups me dejaste anonadada. Es decir, jamás se me paso por la cabeza que ella podría haber sido quien se encargará de desaparecer del mapa a la asquerosa y tan ensimismada fufa "Julia", pero es que hasta yo sería capaz de llegar a mis limites si se meten de una manera tan burda, frívola, calculadora e inescrupulosa con mi hermano (aunque no nos la llevemos de maravilla) o uno de mis dos mejores amigos "Mi Ser y mi Cucaina". Al menos ella pudo hacer justicia, necesaria justicia por su ser amado.

De otra parte, también me sorprendiste demasiado con esta Michelle, es decir que madurez y pensamientos tan centrados los de esta Nena, nada comparado con la humana egoísta y materialista que fue antes. Ha cambiado o sino es que en el fondo es así, y como dijo Male: "A la niña que mis ojos habían evitado descubrir por mis prejuicios", tal vez Raph si pudo verla así y por ello decidió acogerla de la manera en que lo hizo.

Adicionalmente, la forma en que Mich se enfrento a Mallie, después de que esta le hizo "terapia de shock" a Raph fue tan respetable y valiente que considero le "calo hondo" a Mallie, una persona que ella jamás imagino le dijo a la cara que aunque ella se negara a aceptar que también sufre, no de la misma manera en que lo ha hecho Raph sino por ese don tan magnificente que posee y no sabe si es "una bendición o un castigo", pero de igual manera sufre y como le dijo Mich: "Quizás muchos de nosotros vivimos en condicional"...

En fin, la manera en que Raph ha permitido que se den las cosas con Mich, es hasta bonito aunque hay mucho tiempo por esperar, es decir con unos cuantos años que pasen no bastara para que Raph llegue a amar a Mich, pero casos se han visto y el que persevera alcanza.

mmmm es justo y necesario que el amor se presente en la vida de Malenne, digo, al fin y al cabo ella no solo puede pretender el amor de su hermano, sería bueno que encontrará un alma libre como lo es ella y que, también este dispuesto a viajar junto a ellos, sea humano o vampiro, lo importante es que se amen.

Para finalizar, si nada más este es el epilogo de Malenne, no me imagino como será en si, cuando empiece a narrar (un libro Blancquarts)la historia desde su punto de vista, igual que los puntos de vista de Raph y Mich (creo que Mich dará muchas sorpresas)...mmmm, mejor dicho cada día me sorprende más tu manera de narrar. Es decir, con OB nos cautivaste, y en mi opinión con los Blancquarts nos atraparas aún más.

Recuerda: "Somos lo que hacemos, no pidas perdón. Qué el viento sople a tu favor"

Besos, que estés bien.

Angélica vg


PD: Aún no comento el epilogo de Raph, necesito leerlo por segunda vez!!!

laurix dijo...

WOOOOWWW!!! que buen epilogo adoro a Mallie esa mujer tiene mi respespeto!!

laurix dijo...

jejejeje puse un pequeño comentario antes porke luego me extiendo escribiendote y cuando ya lo quiero ublicar chinnnn se borra.
Bueno solo me keda darte mis mas sinceras falicitacionnes porke tienes ese don como siempre lo e dicho para escribir y e vuelto a leer OB desde el principio.. jijiji me fascina lamento no haberte dejado mi comen desde la samana pasada pero por falta de internet lo pospuse hasta oy y fue un martirio no poder leerlo desde antes pero lo bueno es ke como ya subes mañana el final alternativo estoy sumamente feliz porke es lo ke deseaba y fui de las pocas ke te lo pidio....
bueno este eiplogo estubo Excelente estuvo lleno de rabia, de amor, de comprencion, de verguenza, bueno muy bien todo. ahora si mallie pudo sacar todo lo ke tenia guardado, su dolor y aunke ella se sienta muy fuerte sabe en el fondo ke es igual ke Raph claro ke ella es mas fuerte pero muy buena descripcion de este epilogo NO puedo creer ke aya pasado tanto tiempo tantos años sin saber de su mejor amiga y como siempre de huir espero ke ahora ke estan en esa casa se queden asi como ella lo dice y que realmente Mallene encuentre su pareja ella tambien se lo merece.
Meda gusto tambien ke Michelle aga feliz a mi vampirito ke ya a safrido demasiado, y wow pense ke michelle nunca le iba a contestar de esa manera a mallie muy bien por ella y veo ke si van a ser buenas amigas, hermanans o cuñadas jejejeje
veo ke michie a madurado bastante y no se ve como la insegura ke era antes ke buen crecimiento a tenido...
Muy bien por todo Pabli te felicito y mis mejores deseos para TY con mucho cariño.. Besos y como siempre con mucho amor y no me despido solo hasta luego y a esperar lo ke nos tienes preparado pa el sig libro..

Anónimo dijo...

Aaaah!

Anónimo dijo...

Porfis no nos dejes asi otra ves

mara l dijo...

cuando se trmin esta novla

Anónimo dijo...

pabli cuando nos deleitas con el final alternativo espero con ansias te apoyamos desde Panama ..........

estefy dijo...

gua pabli stubo genial pero xk t stas demorando tanto .!!
k paso ahora vas ha publicar kada dos semanas.!!

Anónimo dijo...

t d 5 *

Anónimo dijo...

genial... melanie es mi favorita yayyy-.. kt

Anónimo dijo...

Woooow muuy buen capituloo, me encantooo enseriooo, me gusta q Michelle este poniendo todo de su parte para conquistar a Raph, El ha sufridooo mucho por Juliiia y q escandalooo con el secretoooo Malenne me sorprendiooo de verasss, habriia preferidooo q hubieraaan puesto mas detalles de como mataroon a Juliiiia a esa p..... se lo mereciiia....
Ahoraaa q voooy haceer he terminadooo todosss los capituloos q leeere, eres muuy bueno para escribiir historiiia y te agradezcoo muchoooo por darnooos la oportunidad de seguir viviendo esta hermosaaa historiia....

Anónimo dijo...

Amo la historia, me atrapo por compleo y deseo seguir leyendo, regálanos mas de ese maravilloso talento, ya iniciamos el 2016 y con todas mis fuerzas deseo ver otro capítulo.

Te felicito por ese gran empalme...

Angélica María